viernes 19 de febrero de 2010

Unas curiosidades!!! :D

Se narra que el Rey Fernando I solía disfrazarse de plebeyo y visitar, a escondidas, un barrio pobre de Nápoles. ¿Por qué? Se moría por un plato que, por orden de la Reina, estaba prohibido en la corte: la Pizza.

Alrededor del año 1720, en Nápoles, la Pizza era una comida rápida, principalmente para pobres, que se vendía por la calle y consumía al aire libre. Peculiar, la manera de venderla: anunciando a voz en cuello sus deliciosas propiedades, y llevandola encima de la cabeza con un recipiente que la cubriera.

Con el tiempo, el Rey dejó de ocultar a la corte su notable pasión por la pizza. Pronto, la delicia callejera logró tanto éxito que hasta miembros de la nobleza de alta sociedad se hicieron clientes de las pizzerías más auténticas. Hasta que el mismo nieto, Fernando II, mandó construir en 1832 un horno de leña en los jardines del palacio de Capodimonte para complacer a sus distinguidos invitados.

Actualmente, si el rey Fernando viviera, ya no tendría por que esconderse: hoy, hay unas treinta mil pizzerías en Italia, que preparan un promedio anual de 45 pizzas por habitante.


Ya sabemos, la Pizza es muy popular, especialmente entre los jóvenes, y no solamente en Italia, pero cabe destacar su valor nutritivo, que depende de sus ingredientes; es decir, si mi Pizza contiene cantidades equilibradas de carbohidratos, proteínas y calorías, y muchas vitaminas, con los minerales y aminoácidos que tiene la masa, se convierte en un plato muy energético. Por ejemplo, muchos recomiendan usar siempre aceite de oliva, el cual aumenta los niveles de HDL, conocido como “el colesterol bueno”.


Además, si la pizza se hornea bien, es raro que cause problemas digestivos: esto se debe en parte a que, durante el proceso de amasado y fermentación, los carbohidratos de la harina absorben suficiente humedad. Al mismo tiempo, su contenido de carbohidratos complejos produce una sensación de saciedad que, por lo general, impide que hasta los fanáticos de la Pizza coman más de la cuenta.

La próxima vez que nos demos el gusto de saborear una Pizza, recordemos sus humildes orígenes y alegremosnos de que el rey Fernando I se atreviera a revelar a toda la ciudad su exquisita pasión!

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